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15 abr 2017

Estepario

Ojalá me trajera aquí algo reivindicativo. Algún recuerdo bonito. Algo importante que decir.
Pero no
Supongo que esto lo podría haber escrito ayer o mañana. Tal vez hace dos meses o incluso un año. No se debe al ahora, no es actual. Es el conjunto de los acontecimientos, los unos que se van sumando, la gota que ayuda a colmar un vaso que nunca va a derramarse porque es demasiado grande.
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Realmente existen dos yo ahora mismo.
La una está feliz, agradecida. Con ganas de más. Siente que está aprovechando el tiempo, que podría hacer más pero hace todo lo que puede (o eso quiere creer). Es risa, es sol. La sonrisa al leer una frase bonita. Se siente completa pero al mismo tiempo vacía.
La otra, la que más abunda en este instante, está harta. Y cansada. De la rutina. De sus defectos, algunos tan visibles y físicos mientras que otros no lo son tanto. De la gente que ya no la saluda sin razón aparente. De los intereses ajenos que le afectan. De la falta de comprensión y la falta de capacidad para poder expresar todo lo que lleva dentro. De no dar lo suficiente. De no sentir eso en el pecho como lo que se siente después de un chute de adrenalina al subir a una montaña rusa.
En fin, par de líneas para el lado positivo y un párrafo para el negativo. Parece una balanza que se decanta claramente por mi yo negativo. Ese lado crítico, correoso, hater, desagradable, triste y cansado. Pero la vida no es una balanza, las personas no lo somos. El bien y el mal están equilibrados en la Naturaleza. Siempre. Sin equilibrio no existiría nada, no existiríamos nosotros. Existe el equilibrio incluso cuando no sabemos verlo.
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¿Sabes cuando necesitas un cambio y no sabes qué es? Esa es mi vida ahora mismo, en busca de mi equilibrio. Sé que algo debe cambiar pero aún no entiendo qué es. He probado varias cosas pero no está funcionando. No sé si debo esperar, si es algo que está al caer o simplemente es que el curso de acontecimientos no va a permitir que esta sensación cambie. 
Pero plis, necesito un chute extra de vida ya

12 oct 2016

Un poco de magia oscura para re-nacer

Llevo más de doce horas en ese trance interesante, en el que no tengo nada que decir, pero podría contar demasiadas cosas. A ratos pienso que estoy drogada. Quizá sea el sueño, la cerveza, o la pereza de empezar a ser productiva. Quizá sea esa sensación extrasensorial al cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Dejarse llevar por lo primero que aparece en la mente y de repente, ¡pam! escrito aquí. No sé ni cómo ha ocurrido, cómo está ocurriendo. 

Fuera llueve y hace frío. Dentro hace sol, el amanecer ha sido espléndido hoy. Pero, para el carro prima, que igual te estás motivando. Igual es que me dejo llevar por la novedad, por el éxtasis que te aportan las decisiones aleatorias, las cosas que ocurren improvisadamente. El no preocuparse de cómo acabarás el día, de dónde estarás mañana, porque sólo existe este momento, y es ahora. Es esta decisión la que va a influir en el futuro, pero ese futuro no lo puedes manejar. Está lejos de tu alcance, no tenemos un DeLorean para viajar...

Tal vez, más que el futuro sea el pasado. El pasado es esa sirena en la orilla de la playa que te agarra el tobillo y no te deja marchar, que no para de cantar para intentar engatusarte, para que no te vayas a otro lugar, probablemente mejor. Esa sirena con cara de hija de puta que sólo quiere joderte. Joderte fuerte para que no avances. 
Pero sabes que puedes caminar. Aunque esté anclada a tu tobillo puedes caminar. Y camina hasta que esa zorra quede fuera del agua, sin sola una gota. Y así se diluye en el aire. Desaparece. Desaparece el pasado. Los remordimientos. Los arrepentimientos (que jamás debieron existir). Y dale al play.


15 feb 2016

En el silencio de mis voces, que gritan

He venido casi corriendo a escribir y cuando he llegado, todos los pensamientos se han esfumado de mi mente. Ya no recuerdo qué quería decir, qué necesitaba soltar.
Volver aquí es como la nostalgia, la vuelta al pasado. Tanto hablo de emanciparse que soy incapaz de emanciparme de mí misma. No podíamos ser perfectos. Al final siempre vamos a volver a nuestras raíces, a lo que llamamos hogar y nos hace sentir seguros. Supongo que falta mi droga, la que me hace subir a ese nivel superior en el que puedo escribir líneas y líneas de frases inconexas, pensamientos que tienen linealidad en mi mente, que tienen sentido dentro del contexto de mi vida y lo que me rodea. Pero que una vez escrito aquí, ¿quién cojones lo entiende? Vuelvo unos meses más tarde y hay cosas que hacen que me pregunte qué demonios pasaba con mi vida. 
Las inseguridades van y vienen. Poco a poco aprendí que es más importante el viaje que el destino, y que al final esto se aplica a todos los escalones de la vida, hasta llegar a la muerte, supongo. 
No consigo saber si es que estoy triste o tengo el corazón encogido porque a veces sufre de rabia, incertidumbre y miedo. Palpita más rápido, ahogándome en un mar de ansiedades estúpidas que, por primera vez, parece que son problemas que de verdad van a repercutir en mi vida, que mañana los recordaré y diré: normal que te agobiaras así con la vida. Pero la sensación de estar desaprovechando los momentos que las casualidades me brindan es infinita. No paro de sentir que los días pasan y yo sigo aquí sentada, con mi rutina del día a día, con algún pequeño sobresalto agradable (o no tan agradable), pero al fin y al cabo no me doy cuenta ni de si estoy avanzando o sigo quieta en el tiempo.

8 nov 2015

When all the world is spinning round like a red balloon way up in the clouds

Estás en el mundo simplemente dando vueltas y te diriges a donde se supone que debes ir, haciendo lo que se supone que debes hacer... Haciendo lo que, en teoría, se supone que es lo correcto, lo que se espera de ti. O lo que tú crees que esperan de ti. Crees que lo haces porque es lo que hay que hacer, porque crees que la gente que te importa espera eso de ti y no cualquier otra locura que se te antoje. Pero, ¿qué se te podría antojar?
Cuando somos niños todas las opciones son posibles futuros. Todo camino se puede recorrer y, además, hay ganas para ello. Pero crecemos. Descubrimos nuestros defectos. Nos damos cuenta de que hay cosas que requieren demasiado esfuerzo. O una destreza especial con la que no contamos. Se nos van quitando las ganas de hacer todas esas cosas. Entramos al mundo real donde no todo es posible, donde necesitas dinero, posibilidades, contactos, habilidad y destreza. Entras en ese lugar donde hay muros por todas partes, pero los demás te dicen que los muros los pones tú mismo, que eres tú quien debe sembrar las semillas del éxito y el que debe escalar esos resbaladizos muros que en teoría tú mismo te has impuesto, porque todo el mundo consigue superarlos. Pero, ¿y si este muro no es el mío? ¿Y si en esta tierra no van a germinar las semillas del árbol del éxito que yo quiero plantar?
¿Qué es exactamente el éxito? ¿Cuáles son las dificultades para conseguirlo? ¿Cuántas ganas hay que echarle a algo hasta conseguir un resultado medianamente aceptable y, además, sentirse feliz con ese resultado? ¿Cuántas horas se necesitan para dejar de ser mediocre? ¿Cuánto tiempo debe pasar hasta darte cuenta de que «ese» es el cambio que necesita tu vida? ¿Cuántas lágrimas hay que derramar antes de conseguir algo brillante que nos satisfaga y nos haga sentir que el esfuerzo ha valido la pena?
Al final del todo, ¿para qué? No hay nada peor que la inseguridad de una decisión que puede haber sido mal tomada, aunque quizá ha sido la decisión correcta. ¿Cuándo lo sabré? ¿Cuando ya no pueda echarme atrás y sea irreversible? Quizá deba despertarme de este sueño y abrir un poco los ojos. Quitarme las cadenas que yo sola me he puesto, salir de mi caverna a descubrir mi mundo inteligible. El problema es que no sé qué me espera fuera. Y tampoco sé salir. Porque quizá ya haya salido y todavía no me he dado cuenta.
Y así, el cuento de no acabar. Las vueltas que da el mundo sin parar, girando sobre sí mismo.
http://weheartit.com/entry/166922970/via/syoun
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18 sept 2015

Tu sonrisa no tiene precio, pero si lo tuviera, invitaría yo

Qué increíble como te cambian algunas personas. Increíble a la par que dramático. Pero es genial. Es genial notar que hay algo vivo, cómo los días tienen ese matiz tan simpático... Las sonrisas salen solas, como respirar. Y no sabes a quién o qué echarle la culpa. Simplemente es felicidad, estar a gusto, confianza. Es real. Y está aquí. Tuve los ojos cerrados tanto tiempo... Pero aquí estamos, con el pijama puesto y una lista aleatoria que he encontrado en la pestaña Explora de Spotify. No sé ni qué suena, por primera vez.
A veces agradezco volver a sentirme como una niña, por la ilusión infinita, la sensación de que todo va a salir bien, que todo es perfecto y que no existe ni el hambre ni las guerras ni los números rojos en las cuentas. Es como si al hablarme, se eliminaran todos mis pensamientos, y al tocarme se encendieran todos los sensores de mi cuerpo, todas mis neuronas transmitiendo impulsos nerviosos como locas. Sinapsis. Mucha sinapsis. Casi noto toda esa energía recorrer mi cuerpo. Y es que cuando estoy sola, es como si no lo estuviera porque son esas palabras, esos recuerdos, ese guiño al pasado y al futuro, las ganas, los sueños... He descubierto lo que me gusta. El éxtasis seguido del Trance. Meditar y correr. Las duchas de noche y las sábanas fresquitas. El horror de una casa pero el calor de un hogar.
Y las buenas noches.

4 ago 2014

Caleidoscopio

Pequeña resaca que se mata con una pizza de nevera. Abres. Safari. ¿O era Google Chrome? Tal vez Internet Explorer y se te han escapado las horas. Lo miras. Te mira. Cruce, lo evitas. Apalanque. ¿Qué día es hoy? A lo mejor ya es mañana. Ojalá ya fuera mañana. Pero no sé, ¿qué cojones hice ayer? Las horas vuelan, los días apenas te rozan. Y te gusta. Lo detestas. Amorodio, como si de un nombre propio se tratara. ¿Podemos recapitular? A ver dónde se nos ha quedado el tiempo, porque creo que se me ha escapado. Te dije que le pusieras la correa, pero jamás la usas. Duermes. Te olvidas. Recuerdas, pero son recuerdos emborronados, porque realmente ni los quieres escuchar, es sólo que te obligan. Te obligan a vivir en el pasado, anclarte en un mar de barro que apesta. Apesta a puta mierda. Lo miras, te mira, le ignoras, te giras. Y a tu alrededor, un océano cristalino. ¿El Caribe? Sea lo que sea, es el paraíso, aparentemente. Eso es lo que cuentan, que necesitas tu paraíso. ¿Y que haces? Te mientes y te tumbas a la bartola, en el borderline. Bastante alejado de la mierda pero casi rozando el paraíso. Paradise, man. Y tú, ahí estás, pensando en trivialidades, ignorando lo cerca que estás de tocar el placer, de vivirlo en tus propias carnes. O, al menos, eso es lo que cuentan. Sol. Está lejos pero quema demasiado, ¿no crees? ¿Qué nos ha cambiado? Igual el tiempo. Oh, otra vez el tiempo. Igual deberíamos llamarlo Señor Tiempo. Don Tiempo. Más importante que Don Dinero, aunque no lo parezca. ¿Qué seríamos sin Tiempo? Entes solitarios, perdidos en una sucesión de estupideces, en una locura coloreada de LSD que escapa para no huir. Pero le odiamos, lo eliminaríamos, o tal vez sólo ralentizarlo. ¿Qué tal un giratiempos? Un viaje al pasado. O al futuro. Un yo en el paraíso. Los videntes dicen que el mañana mejorará. Pero no se sabe, no se puede saber, ¿verdad? Bueno, pero vemos el futuro. Yo lo veo. O mejor dicho, lo vi. Y me dio miedo. Donde estás ahora. El final. Pero, ¿qué demonios pasaba a mitad de camino? Un montón de chapuza rodeada de niebla, y más niebla. ¿Echar de menos o echar de más? ¿Ir o volver? ¿Casa u hogar? Un tercio.


5 ene 2014

2014, año nuevo, misma vida

Hay días que no sabes realmente lo que está bien o mal. Lo que quieres o lo que dejas de querer.
Y al final acabas atado con una correa a la pata de la cama, sin saber si haces lo correcto o no.
Pero, ¿qué demonios es lo correcto? Porque lo que creemos correcto nos confunde y nos hace creer que no lo es. El ángel y el diablo, uno a cada lado, discutiendo contigo en medio sobre el bien y el mal. Pero son sólo palabras para una acción cualquiera. Y sabes que no te van a solucionar nada.
Tampoco soluciona el hecho de que su olor te recuerde al Blues. ¿O era más bien al Jazz? Un saxofón que ataca con suavidad a todos tus sentidos, dejándote aturdido. Un cloroformo para románticos, que te atonta poco a poco, pero jamás llega a dejarte inconsciente. Y entonces esa música te adormece y estás como tumbado en una hamaca, o mejor, en una pequeña barca de remos que se mece con el vaivén del ligero oleaje de un día cualquiera de principio de verano. Un fresco día de junio que saluda meneando las pestañas y levantando ligeramente una ceja, con desaprobación, porque no entiende qué estás haciendo. Y tú tampoco. ¿El bien o el mal? ¿Lo correcto o lo incorrecto? El Jazz nunca te dejó pensar con claridad y eso es lo que te confunde y te hace sentir débil, manejado pero con consentimiento constante. Porque al fin y al cabo decides probar a ver qué tal antes de decidir si está bien o está mal. Un porro que te fumas en casa un rato antes de que lleguen tus padres; piensas que conseguirás disipar el olor pero sabes que existe una gran posibilidad de que seas cazado. Pero da igual. Carpe Diem lo llaman algunos. Yo digo que es hacer lo que uno cree que quiere, dejándote llevar cuando crees necesario, o cuando simplemente no sabes cómo cojones tomar las riendas de tu vida.

24 dic 2013

Purga antes de Navidad, de Tim Burton (Nunca salió a la luz, y nunca lo hará)

Feliz Navidad a todos los que cuentan la verdad que creen conveniente, que cuentan la realidad que quieren cuando les da la gana, a pesar de asegurarte que son portadores de toda la verdad y nada más que la verdad. La verdad plena, completa. Real. Ya sabes, la única verdad existente (?). Tal vez.
Pero el caso es que cuando la realidad se gira en tu contra, aparentemente te corta la lengua. ¿Qué te parece? Es fácil envenenar a los demás mientras lo pregonas a los cuatro vientos, pero tan complicado beber cianuro sabiendo que te estás exponiendo a la muerte... Y si te matas, que sea en silencio, a oscuras, donde nadie te vea. Nadie puede saber que has sido tú la causa de tu perdición.
-¿Suicidio? No, dicen que ha sido un accidente doméstico, pobre, no se lo merecía...
Y así, mil mentiras de boca en boca, pero ellos no saben que la realidad es otra. De tanto arrancar las flores de los demás acabaste arrancando las de tu propio jardín y no te diste ni cuenta. El odio ciega, muchísimo. Tanto que nos vuelve irracionales, increíblemente inhumanos, locos, puros animales salvajes que sólo saben atacar. Es como la bala de metal que se refugió en el pecho del dios jabalí y lo convirtió en diablo, matando por doquier para finalmente morir por una mísera flecha. Ya ni los dioses son inmortales.

Ha sido una purga, ¿no crees? Has vomitado con tu propia medicina y eso, a mis ojos, no tiene precio. Algunos dicen que no existe mayor placer que el de la venganza. Yo creo que la venganza nos pudre hasta el punto de convertirnos en la mierda que tanto odiamos. Por eso,  más que la venganza, yo prefiero ver cómo cada uno recibe lo que merece por sí solo, porque es así, el día del juicio final se valorará toda una vida para decidir si abrirle las puertas del cielo o mejor dejarlo tirado vagando por la tierra cual fantasma (nada de infiernos en estas versiones).
Y al fin nos hemos encontrado, dos casi-fantasmas vagueando por la tierra. Yo hace tiempo que desperté aquí, pero tú parecías estar empeñado en seguir soñando que habías conseguido llegar al cielo. Ese, queridos míos, no es sitio para personas tan mundanas como nosotros.


(A veces las palabras son como balas envenenadas que siempre aciertan en el pecho pero nunca llegan a matarte al instante, sino que te hacen sufrir mientras mueres muy lentamente. Pero siempre serán necios los que no sean capaces de escuchar esas voces que disparan como niños en un sueño en el Lejano Oeste)

11 dic 2013

"Trance Onírico"

He dejado las drogas por los días largos salpicados por la sangre de los recuerdos que algún día volverán a hacerse ciertos, lo quiera o no. 
A veces busco la luz al final del túnel pero siempre hay algo en el camino que me despista y no me deja avanzar con la velocidad suficiente como para llegar a salir a la luz antes de que se haga de noche y ya no pueda encontrarla nunca más. En la vida, los días siguen a la noche y la noche a los brillantes días, pero aquí, en el subconsciente, no es posible que algo así ocurra. Es difícil huir de nuestros miedos; enfrentarnos a ellos es luchar contra nosotros mismos, matarnos, aniquilarnos hasta que no quede nada nuestro y, solo entonces, renacer para convertirnos en algo que creemos mejor.
¿Incoherente? Ambos sabemos que no existe nada más incoherente que plasmar de la forma que sea las ideas y pensamientos que aparecen en nuestra mente tal cual, algo que sea totalmente tuyo, que solamente tú entiendas, y que en los días que no quieres saber nada de nadie te ayude a encontrarte a ti mismo (una vez más).

2 nov 2013

Rolling como los Stones

¿Ley de la Atracción?



Está claro, no siempre va a pasar lo que más deseamos, por suerte o por desgracia. Pero bueno, hablando de lo que ya hablamos una vez, la Ley de la Atracción no es cierta en todos los casos, ya que no es lo mismo presentarte a un examen con la actitud de aprobar que ir a ese mismo examen con la certeza de que aprobarás.
Como toda regla, existen excepciones (o tal vez lo que voy a exponer sea la excepción) pero vamos a centrarnos en una sola cosa. He encontrado un fallo en esta Ley, y es que cuanto más seguro estés de que va a pasar un cosa, existen menos posibilidades de que pase. ¿Por qué? Quién sabe.
Leído así parece una locura, porque si estamos seguros de que algo pasará es que tenemos argumentos que apoyan nuestra seguridad y que (aparentemente) respaldan que ese algo ocurra. Sin embargo, el Universo es caprichoso. Nunca podemos estar cien por cien seguros de que algo vaya a ocurrir. Es imposible saberlo.
Piensa en algo cotidiano que forme parte de tu rutina, algo que estés seguro de que pasará durante el día de mañana. A pesar de que estás muy seguro de que ese algo va a ocurrir, pueden pasar mil cosas que eviten que ocurra. Por lo tanto, tú que estabas 100% seguro de que ese algo iba a darse, no te das cuenta de que ese porcentaje va disminuyendo hasta un 50% que permite a la Ley de la Atracción jugar en tu contra.
[…]

Sé que estoy pensando en algo pero no sé el qué



Sinceramente los ejemplos dan todo el asco. La Ley de la Atracción seguirá funcionando. Es un hecho, y siempre será así. Simplemente ocurrió que me topé con la excepción. La excepción que confirma la regla. Esa puta regla en la que confío tanto que me la acabó jugando. Si es que ya ni en mí misma puedo confiar. ¿Decepción? No, para nada. Pero podría haberlo hecho mejor, podría haberlos dejado a todos con la boca abierta. Y lo hubiera hecho. Pero existen factores. Malditos factores. Tan ajenos a mí en un principio pero yo los ato a mí, los coso a mi piel, los convierto en extensiones de mi cuerpo. Y me la juegan. A la próxima si eso me los pegaré con velcro. Entonces podré separarlos cuando sea necesario (tan fácil decirlo pero tan complicado cumplirlo en ese momento…).
Y es así. Estoy ausente, perdida. Y bien que deseo encontrarme, porque no sé dónde cojones estoy, en qué pienso ni qué cojones estoy haciendo. Quiero ponerme la cabeza en orden, porque amueblada ya estaba. Pero alguien la ha terremotado. No sé cuándo, cómo ni por qué, pero una mañana me desperté así y desde entonces no he dejado de buscarme.
Ella me dijo que escribiera si quería encontrarme. Y eso estaba haciendo. Y eso sigo haciendo. ¿Me estoy encontrando? Tal vez estoy unos pasos más cerca de saber quién soy, porque ya no soy la que era, para nada.
He vuelto a llorar. Pero esta vez en silencio. No hicieron falta ni lágrimas. Pero dolió como si las hubiera, y mucho más que una hostia en la boca del estómago. ¿Que qué sentí después? Que todos tenemos un pasado, y que se puede olvidar mientras se supera, pero siempre está ese día en que tenemos la guardia baja, que todo nos molesta y recordamos demasiado.
Sé que estoy pensando en algo pero no sé en qué, y eso me confunde. Las ideas pasan demasiado rápido, parece que viajen al futuro a la velocidad de la luz. Tal vez me las vuelva a encontrar en cinco años. A lo mejor entonces escribo una segunda parte. A lo mejor entonces me encuentre y dejaré de estar en la nada, flotando en el vacío. Así, sin más.

24 oct 2013

I just wanna dream

Tal vez hoy no sea el mejor día para escribir. De hecho, he decidido que no, que para nada lo es. Pero he encontrado la canción. Y las ganas. La mala hostia ya me venía de fábrica. Y bueno, era hora. ¿Qué decir? Al final lo de siempre. Aquí, en Canarias y en Pekín. Siempre lo mismo. Es un bucle (y digo la palabra bucle mientras pienso en algoritmos, que las clases de programación me tienen enferma). Un bucle de estos que no llegan a fin. De 1 hasta infinito. Tranquilamente. Parece que el planeta a veces no tiene demasiadas ganas de girar, que va muy despacito, tomándoselo con calma. Y que les jodan a los que quieren salir de aquí.
En cambio, otros parece que nunca se sacian. Humanos, esos seres insaciables que siempre quieren más y más. Es verdad, inclúyete, igual que lo hago yo. Pero esa falta de saciedad que sufren los demás es jodida cuando te afecta a ti. Y es así, no dejan respirar, te absorben con su ansiedad, te comen las entrañas, te hacen sufrir sin quererlo (sin tú quererlo, porque a ellos como que se la suda). ¿Qué más dará lo que hagan y digan los demás? Ya claro. Pedazo de hipócritas, que cualquier día acabarán escupiendo hacia arriba y les caerá el lapo en la frente. Y yo, bueno, soy yo. También tiro piedras a mi propio tejado, pero he de admitir que a veces es culpa del viento, que sopla demasiado fuerte y las desvía, porque yo no me las lanzo a mí misma con intención.
Pero sí, venía con mil mierdas que decir, pero paso. Es que ni implícitamente. No merece la pena. No hay "trance" así que no hay nada más que contar.


5 oct 2013

UIE - El dolor nos hace sentir vivos (o muertos)

¿Esperabas encontrarte algo diferente? ¿Algo que cambiara tu concepto del mundo? Pues no, lo que conocías es lo que hay en todas partes, misma mierda con distinto nombre y presentada de otra manera, a veces incluso decorada para que no se note lo que realmente es. Pero sí, es lo que es, algo que joderá, algo que te dolerá porque no fuiste capaz de verlo a tiempo, de evitarlo. Y a veces te encanta que duela, es como una espinita que te da pena arrancar por el simple hecho de que ya la has tomado como tuya. Pero cometes un grave error al no arrancarla a tiempo, porque cuando te das cuenta de lo mucho que molesta tenerla ahí día a día es demasiado tarde para arrancarla; la piel ha cicatrizado sobre ella. Ahora te dolerá el doble sacarla, ¿por qué? Te arrancarás la carne a trozos hasta conseguir llegar a esa maldita espina, pero te dolerá tanto que te rendirás a medio camino. Ahora no hay cojones de salir adelante, de superar lo que un día (o más de uno) te jodió. Porque no hay valor.
Joder, VALOR. Valor es la puta palabra que lo soluciona todo, o al menos lo intenta y tiene la intención de hacerlo. El valor es la clave, tener coraje abrirá tantas puertas y dará tantos portazos que quisieras vivir en un bucle infinito de atreverte a todo. Pero no. Prefieres acostumbrarte al dolor, ¿verdad? Es más cómodo. Crees que lo superas pero en realidad sigue ahí, y en cuanto alguien toque donde está la espina te volverá a doler como el primer día. ¿Que cuesta superarlo? Dios mío, sólo se necesita tiempo, y el tiempo no nos sobra, pero está para utilizarlo. Es una inversión a medio-largo plazo.
Y entonces llega un día que, sin saber por qué, lo has superado. Te das cuenta de que lo has superado porque ya no duele cuando alguien toca el lugar en el que estaba la espina. Te la suda el mundo y lo que los demás opinen sobre ello, hasta te da igual lo que pienses tú mismo, porque lo has superado.
Volviendo al caso, la superación es un coñazo y para evitar ese paso hay que evitar el paso anterior: el daño y el dolor. Y es un paso tan, pero tan complicado de esquivar que te das cuenta de lo necia que puede llegar a ser la raza humana. No solo tú mismo, sino los que te rodean, esos a los que les da igual que estés bien o mal, que llores o rías. Les da igual que sufras por su culpa, parece que es su cometido en la vida, aunque lo hagan de manera inconsciente.
Y entonces surge la pregunta: ¿es el otro el que nos hace daño o somos nosotros los que nos dejamos?

5 ago 2013

Por amor al odio

Escucho una canción que me recuerda a alguien que no conozco. Y que probablemente nunca llegue a conocer. Pero da igual, me trae recuerdos de un futuro incierto, recuerdos de lo que fui, de lo que soy y de lo que seré, o al menos lo que quiero ser. Me hace recordar cómo será todo dentro de unos meses, o unos años. Me hace ver lo que ocurrió en el pasado. ¿En qué me equivoqué? Un análisis interno silencioso, con resultados muy dudosos, pero que sólo yo sé interpretar. Aquí tengo los resultados, entre las cejas, en la mente, torturándome en las noches solitarias. Y es una tortura a veces incluso placentera. Me impide olvidar, me impide volver a fallar. Pero no siempre es así. El olvido ignora las torturas y es el olvido el que nos ciega ante las piedras del camino con las que ya nos hemos tropezado. ¡Mierda! Otra vez lo mismo, parece un ciclo. Oh, demasiado tarde has venido a darte cuenta, deberías abrir más los ojos y cerrar menos tu memoria. Los recuerdos no hay que encerrarlos bajo llave, hay que dejarlos fluir por la cabeza, por el cuerpo. Siempre estarán ahí aunque no nos gusten. Forman parte de nosotros. Y nosotros somos gracias a ellos. Sino, ¿qué seríamos? Nada más que cuerpos vacíos, autómatas perfectos (que no perfeccionistas) en un mundo sin error, en un mundo en el que no existe la creatividad nacida gracias al fallo. ¿No son las rupturas las que inspiran a los cantantes? Accidentes que acaban en una película. Malas experiencias que obligan al escritor a sentarse frente a una página en blanco de Word. Todo errores, todo fallos, es así, las equivocaciones despiertan la mente, nos despiertan, nos hacen sentir vivos. Sentimos la desesperación en nuestras entrañas. Una arcada que acaba en nada. Eso nos hace vivir el día a día, querer superarnos. No queremos más dolor, pero mientras más busques la felicidad, más obstáculos habrá. ¿No es perfecto? La vida es así, una perfección demasiado imperfecta como para que podamos comprenderla como simples humanos que somos. Es como aquél que decía que hay una canción interpretada por los planetas en el Universo y que sólo eres capaz de escucharla si te concentras lo suficiente y consigues sintonizar con ella. Yo sé cómo suena el Universo. Suena a esa canción. Esa que me recuerda a alguien que no conozco. Y que no sé si algún día llegaré a conocer.

16 jul 2013

Baby, we both know that the nights were mainly made for saying things that you can't say tomorrow day

¿De verdad quiero saber si este sentimiento fluye en ambos sentidos? Me diré que no sé, que los sentimientos no se pueden explicar, que ponerles nombre es estúpido, que a lo que yo llamo amor tal vez tú lo llamas odio, que no podemos saber o conocer algo que no podemos tocar, ¿o sí se puede? Entonces me preguntarás: ¿de qué están hechos los sentimientos? Y yo te diré que no lo sé, que no quiero saberlo, que con sentirlos ya tengo; da mucho trabajo sentir cosas que tu cerebro te recomienda no sentir, o no sentir lo que te gustaría. Corazón y mente van por caminos a veces separados y hay que saber adaptarse. ¿Quieres saber lo que pienso? ¿Quieres ponerle nombre a esto? Ya lo he dicho, hay cosas que no pueden tener nombre, ponerle nombre es demasiado racional comparado con lo irracionales e ilógicos que son los sentimientos, ¿entiendes? Y si no lo entiendes yo ya no puedo hacer nada, nunca se me dio bien explicar lo que sentía, ni tampoco demostrarlo. A veces doy más, a veces menos, no tengo nada que hacer, siento que no puedo cambiar y me da pena, no sólo por mí, sino por ti que lo sufres como si de una quemadura de cigarrillo se tratara. Te quema la piel, los pensamientos, te quema por dentro sin que te des cuenta, y soy yo la que tiene la cerilla y el bote de gasolina, y a pesar de estar frente a ti, rociándote con ese oloroso líquido y encendiendo un fósforo, no eres capaz de darte cuenta. Más que una bendición soy una maldición, ya te advertí. Y el que advierte no es traidor. ¿O tienes un as en la manga?



29 jun 2013

UIE

De esto que me despierto de mala hostia (cuando me gritan por las mañanas me cabreo, como todos) pero a los dos minutos se me pasa. Y joder, qué raro, ¿no? Me quedo un rato vegetal en cama, ¿playa o no playa? Ser vaga nunca va a cambiar. Me apalanco en casa. Finalmente me levanto. Desayuno, se acaban los cereales ricos. No pasa nada, no me importa. Joder, qué misterioso. Y yo aquí de buen humor, y es todo muy raro. ¿Una poción de felicidad infinita? Tal vez una sonrisa a destiempo, un guiño, no sé. La primera canción que escuché al poner el iTunes o el vídeo que vi al abrir el QuickTime que se había quedado ahí desde ayer. El móvil medio muerto que pide auxilio o el iPod que no para de pitar whatsapps. No sé, pensé que sería la silenciosa mañana pero realmente los perros no dejaban de ladrar y los coches de pasar bajo mi ventana. Calor pegajoso que debería ponerme de mal humor, pero no. Estoy contenta, ¿es verano? La primavera pasó volando. Realmente no, pero es interesante pensar que sí. Las cosas están saliendo bien, eso dicen las malas lenguas, ten cuidado, dicen otros. Yo me quedaré aquí, pero inquieta, porque quieta no puedo estar, se me escaparían los detalles, esas cosas que me llenan poco a poco. Así que decido meditar, ¿qué meditas? Joder, mente en blanco, ¿no? Me dejo llevar, ya sabes, cierras los ojos (o miras al infinito, que al caso es lo mismo) dejas de oír a tu madre llamarte y te viene justo eso a la mente. En medio de ese estado de trance, comunicando con el más allá o tal vez con algo que está un poco más cerca. Esa palabra. Esa sensación. Y vuelves a la vida. Parpadeas. Joder, qué complicado es esto, pero qué satisfactorio. Dime, ¿todos los humanos lo notan igual?, ¿durará para siempre? La quiero infinita. Ya sabes, como si fuera un número que no deja de aumentar. Una asíntota en una función o yo qué sé. El Universo no, porque él se acaba, o eso dicen los que saben. Al caso, ¿vendrá de una dimensión paralela? Uf, no sé, pero estoy como off, nada me afecta, es como anestesia general, o más bien local. Me mantiene el cerebro sedado, no noto nada, solo cosas que me gustan y que quiero sentir. ¿Drogada? Eso me dijo alguien ayer, y yo me reí. ¿Para qué quiero droga cuando tengo dosis infinitas en mi propio cerebro? Reacciones químicas que al final nos acabarán matando. Si no nos atropella un coche antes. Creo que he dejado de respirar escribiendo esta mierda. ¿Qué cojones es esto? Falta de oxígeno. Hipnosis inducida por mí misma.