24 dic. 2013

Purga antes de Navidad, de Tim Burton (Nunca salió a la luz, y nunca lo hará)

Feliz Navidad a todos los que cuentan la verdad que creen conveniente, que cuentan la realidad que quieren cuando les da la gana, a pesar de asegurarte que son portadores de toda la verdad y nada más que la verdad. La verdad plena, completa. Real. Ya sabes, la única verdad existente (?). Tal vez.
Pero el caso es que cuando la realidad se gira en tu contra, aparentemente te corta la lengua. ¿Qué te parece? Es fácil envenenar a los demás mientras lo pregonas a los cuatro vientos, pero tan complicado beber cianuro sabiendo que te estás exponiendo a la muerte... Y si te matas, que sea en silencio, a oscuras, donde nadie te vea. Nadie puede saber que has sido tú la causa de tu perdición.
-¿Suicidio? No, dicen que ha sido un accidente doméstico, pobre, no se lo merecía...
Y así, mil mentiras de boca en boca, pero ellos no saben que la realidad es otra. De tanto arrancar las flores de los demás acabaste arrancando las de tu propio jardín y no te diste ni cuenta. El odio ciega, muchísimo. Tanto que nos vuelve irracionales, increíblemente inhumanos, locos, puros animales salvajes que sólo saben atacar. Es como la bala de metal que se refugió en el pecho del dios jabalí y lo convirtió en diablo, matando por doquier para finalmente morir por una mísera flecha. Ya ni los dioses son inmortales.

Ha sido una purga, ¿no crees? Has vomitado con tu propia medicina y eso, a mis ojos, no tiene precio. Algunos dicen que no existe mayor placer que el de la venganza. Yo creo que la venganza nos pudre hasta el punto de convertirnos en la mierda que tanto odiamos. Por eso,  más que la venganza, yo prefiero ver cómo cada uno recibe lo que merece por sí solo, porque es así, el día del juicio final se valorará toda una vida para decidir si abrirle las puertas del cielo o mejor dejarlo tirado vagando por la tierra cual fantasma (nada de infiernos en estas versiones).
Y al fin nos hemos encontrado, dos casi-fantasmas vagueando por la tierra. Yo hace tiempo que desperté aquí, pero tú parecías estar empeñado en seguir soñando que habías conseguido llegar al cielo. Ese, queridos míos, no es sitio para personas tan mundanas como nosotros.


(A veces las palabras son como balas envenenadas que siempre aciertan en el pecho pero nunca llegan a matarte al instante, sino que te hacen sufrir mientras mueres muy lentamente. Pero siempre serán necios los que no sean capaces de escuchar esas voces que disparan como niños en un sueño en el Lejano Oeste)

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