5 ene. 2014

2014, año nuevo, misma vida

Hay días que no sabes realmente lo que está bien o mal. Lo que quieres o lo que dejas de querer.
Y al final acabas atado con una correa a la pata de la cama, sin saber si haces lo correcto o no.
Pero, ¿qué demonios es lo correcto? Porque lo que creemos correcto nos confunde y nos hace creer que no lo es. El ángel y el diablo, uno a cada lado, discutiendo contigo en medio sobre el bien y el mal. Pero son sólo palabras para una acción cualquiera. Y sabes que no te van a solucionar nada.
Tampoco soluciona el hecho de que su olor te recuerde al Blues. ¿O era más bien al Jazz? Un saxofón que ataca con suavidad a todos tus sentidos, dejándote aturdido. Un cloroformo para románticos, que te atonta poco a poco, pero jamás llega a dejarte inconsciente. Y entonces esa música te adormece y estás como tumbado en una hamaca, o mejor, en una pequeña barca de remos que se mece con el vaivén del ligero oleaje de un día cualquiera de principio de verano. Un fresco día de junio que saluda meneando las pestañas y levantando ligeramente una ceja, con desaprobación, porque no entiende qué estás haciendo. Y tú tampoco. ¿El bien o el mal? ¿Lo correcto o lo incorrecto? El Jazz nunca te dejó pensar con claridad y eso es lo que te confunde y te hace sentir débil, manejado pero con consentimiento constante. Porque al fin y al cabo decides probar a ver qué tal antes de decidir si está bien o está mal. Un porro que te fumas en casa un rato antes de que lleguen tus padres; piensas que conseguirás disipar el olor pero sabes que existe una gran posibilidad de que seas cazado. Pero da igual. Carpe Diem lo llaman algunos. Yo digo que es hacer lo que uno cree que quiere, dejándote llevar cuando crees necesario, o cuando simplemente no sabes cómo cojones tomar las riendas de tu vida.

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