12 oct. 2016

Un poco de magia oscura para re-nacer

Llevo más de doce horas en ese trance interesante, en el que no tengo nada que decir, pero podría contar demasiadas cosas. A ratos pienso que estoy drogada. Quizá sea el sueño, la cerveza, o la pereza de empezar a ser productiva. Quizá sea esa sensación extrasensorial al cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Dejarse llevar por lo primero que aparece en la mente y de repente, ¡pam! escrito aquí. No sé ni cómo ha ocurrido, cómo está ocurriendo. 

Fuera llueve y hace frío. Dentro hace sol, el amanecer ha sido espléndido hoy. Pero, para el carro prima, que igual te estás motivando. Igual es que me dejo llevar por la novedad, por el éxtasis que te aportan las decisiones aleatorias, las cosas que ocurren improvisadamente. El no preocuparse de cómo acabarás el día, de dónde estarás mañana, porque sólo existe este momento, y es ahora. Es esta decisión la que va a influir en el futuro, pero ese futuro no lo puedes manejar. Está lejos de tu alcance, no tenemos un DeLorean para viajar...

Tal vez, más que el futuro sea el pasado. El pasado es esa sirena en la orilla de la playa que te agarra el tobillo y no te deja marchar, que no para de cantar para intentar engatusarte, para que no te vayas a otro lugar, probablemente mejor. Esa sirena con cara de hija de puta que sólo quiere joderte. Joderte fuerte para que no avances. 
Pero sabes que puedes caminar. Aunque esté anclada a tu tobillo puedes caminar. Y camina hasta que esa zorra quede fuera del agua, sin sola una gota. Y así se diluye en el aire. Desaparece. Desaparece el pasado. Los remordimientos. Los arrepentimientos (que jamás debieron existir). Y dale al play.


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