5 ago. 2013

Por amor al odio

Escucho una canción que me recuerda a alguien que no conozco. Y que probablemente nunca llegue a conocer. Pero da igual, me trae recuerdos de un futuro incierto, recuerdos de lo que fui, de lo que soy y de lo que seré, o al menos lo que quiero ser. Me hace recordar cómo será todo dentro de unos meses, o unos años. Me hace ver lo que ocurrió en el pasado. ¿En qué me equivoqué? Un análisis interno silencioso, con resultados muy dudosos, pero que sólo yo sé interpretar. Aquí tengo los resultados, entre las cejas, en la mente, torturándome en las noches solitarias. Y es una tortura a veces incluso placentera. Me impide olvidar, me impide volver a fallar. Pero no siempre es así. El olvido ignora las torturas y es el olvido el que nos ciega ante las piedras del camino con las que ya nos hemos tropezado. ¡Mierda! Otra vez lo mismo, parece un ciclo. Oh, demasiado tarde has venido a darte cuenta, deberías abrir más los ojos y cerrar menos tu memoria. Los recuerdos no hay que encerrarlos bajo llave, hay que dejarlos fluir por la cabeza, por el cuerpo. Siempre estarán ahí aunque no nos gusten. Forman parte de nosotros. Y nosotros somos gracias a ellos. Sino, ¿qué seríamos? Nada más que cuerpos vacíos, autómatas perfectos (que no perfeccionistas) en un mundo sin error, en un mundo en el que no existe la creatividad nacida gracias al fallo. ¿No son las rupturas las que inspiran a los cantantes? Accidentes que acaban en una película. Malas experiencias que obligan al escritor a sentarse frente a una página en blanco de Word. Todo errores, todo fallos, es así, las equivocaciones despiertan la mente, nos despiertan, nos hacen sentir vivos. Sentimos la desesperación en nuestras entrañas. Una arcada que acaba en nada. Eso nos hace vivir el día a día, querer superarnos. No queremos más dolor, pero mientras más busques la felicidad, más obstáculos habrá. ¿No es perfecto? La vida es así, una perfección demasiado imperfecta como para que podamos comprenderla como simples humanos que somos. Es como aquél que decía que hay una canción interpretada por los planetas en el Universo y que sólo eres capaz de escucharla si te concentras lo suficiente y consigues sintonizar con ella. Yo sé cómo suena el Universo. Suena a esa canción. Esa que me recuerda a alguien que no conozco. Y que no sé si algún día llegaré a conocer.

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