15 feb. 2016

En el silencio de mis voces, que gritan

He venido casi corriendo a escribir y cuando he llegado, todos los pensamientos se han esfumado de mi mente. Ya no recuerdo qué quería decir, qué necesitaba soltar.
Volver aquí es como la nostalgia, la vuelta al pasado. Tanto hablo de emanciparse que soy incapaz de emanciparme de mí misma. No podíamos ser perfectos. Al final siempre vamos a volver a nuestras raíces, a lo que llamamos hogar y nos hace sentir seguros. Supongo que falta mi droga, la que me hace subir a ese nivel superior en el que puedo escribir líneas y líneas de frases inconexas, pensamientos que tienen linealidad en mi mente, que tienen sentido dentro del contexto de mi vida y lo que me rodea. Pero que una vez escrito aquí, ¿quién cojones lo entiende? Vuelvo unos meses más tarde y hay cosas que hacen que me pregunte qué demonios pasaba con mi vida. 
Las inseguridades van y vienen. Poco a poco aprendí que es más importante el viaje que el destino, y que al final esto se aplica a todos los escalones de la vida, hasta llegar a la muerte, supongo. 
No consigo saber si es que estoy triste o tengo el corazón encogido porque a veces sufre de rabia, incertidumbre y miedo. Palpita más rápido, ahogándome en un mar de ansiedades estúpidas que, por primera vez, parece que son problemas que de verdad van a repercutir en mi vida, que mañana los recordaré y diré: normal que te agobiaras así con la vida. Pero la sensación de estar desaprovechando los momentos que las casualidades me brindan es infinita. No paro de sentir que los días pasan y yo sigo aquí sentada, con mi rutina del día a día, con algún pequeño sobresalto agradable (o no tan agradable), pero al fin y al cabo no me doy cuenta ni de si estoy avanzando o sigo quieta en el tiempo.

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