2 nov. 2013

Rolling como los Stones

¿Ley de la Atracción?



Está claro, no siempre va a pasar lo que más deseamos, por suerte o por desgracia. Pero bueno, hablando de lo que ya hablamos una vez, la Ley de la Atracción no es cierta en todos los casos, ya que no es lo mismo presentarte a un examen con la actitud de aprobar que ir a ese mismo examen con la certeza de que aprobarás.
Como toda regla, existen excepciones (o tal vez lo que voy a exponer sea la excepción) pero vamos a centrarnos en una sola cosa. He encontrado un fallo en esta Ley, y es que cuanto más seguro estés de que va a pasar un cosa, existen menos posibilidades de que pase. ¿Por qué? Quién sabe.
Leído así parece una locura, porque si estamos seguros de que algo pasará es que tenemos argumentos que apoyan nuestra seguridad y que (aparentemente) respaldan que ese algo ocurra. Sin embargo, el Universo es caprichoso. Nunca podemos estar cien por cien seguros de que algo vaya a ocurrir. Es imposible saberlo.
Piensa en algo cotidiano que forme parte de tu rutina, algo que estés seguro de que pasará durante el día de mañana. A pesar de que estás muy seguro de que ese algo va a ocurrir, pueden pasar mil cosas que eviten que ocurra. Por lo tanto, tú que estabas 100% seguro de que ese algo iba a darse, no te das cuenta de que ese porcentaje va disminuyendo hasta un 50% que permite a la Ley de la Atracción jugar en tu contra.
[…]

Sé que estoy pensando en algo pero no sé el qué



Sinceramente los ejemplos dan todo el asco. La Ley de la Atracción seguirá funcionando. Es un hecho, y siempre será así. Simplemente ocurrió que me topé con la excepción. La excepción que confirma la regla. Esa puta regla en la que confío tanto que me la acabó jugando. Si es que ya ni en mí misma puedo confiar. ¿Decepción? No, para nada. Pero podría haberlo hecho mejor, podría haberlos dejado a todos con la boca abierta. Y lo hubiera hecho. Pero existen factores. Malditos factores. Tan ajenos a mí en un principio pero yo los ato a mí, los coso a mi piel, los convierto en extensiones de mi cuerpo. Y me la juegan. A la próxima si eso me los pegaré con velcro. Entonces podré separarlos cuando sea necesario (tan fácil decirlo pero tan complicado cumplirlo en ese momento…).
Y es así. Estoy ausente, perdida. Y bien que deseo encontrarme, porque no sé dónde cojones estoy, en qué pienso ni qué cojones estoy haciendo. Quiero ponerme la cabeza en orden, porque amueblada ya estaba. Pero alguien la ha terremotado. No sé cuándo, cómo ni por qué, pero una mañana me desperté así y desde entonces no he dejado de buscarme.
Ella me dijo que escribiera si quería encontrarme. Y eso estaba haciendo. Y eso sigo haciendo. ¿Me estoy encontrando? Tal vez estoy unos pasos más cerca de saber quién soy, porque ya no soy la que era, para nada.
He vuelto a llorar. Pero esta vez en silencio. No hicieron falta ni lágrimas. Pero dolió como si las hubiera, y mucho más que una hostia en la boca del estómago. ¿Que qué sentí después? Que todos tenemos un pasado, y que se puede olvidar mientras se supera, pero siempre está ese día en que tenemos la guardia baja, que todo nos molesta y recordamos demasiado.
Sé que estoy pensando en algo pero no sé en qué, y eso me confunde. Las ideas pasan demasiado rápido, parece que viajen al futuro a la velocidad de la luz. Tal vez me las vuelva a encontrar en cinco años. A lo mejor entonces escribo una segunda parte. A lo mejor entonces me encuentre y dejaré de estar en la nada, flotando en el vacío. Así, sin más.

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