15 abr. 2017

Estepario

Ojalá me trajera aquí algo reivindicativo. Algún recuerdo bonito. Algo importante que decir.
Pero no
Supongo que esto lo podría haber escrito ayer o mañana. Tal vez hace dos meses o incluso un año. No se debe al ahora, no es actual. Es el conjunto de los acontecimientos, los unos que se van sumando, la gota que ayuda a colmar un vaso que nunca va a derramarse porque es demasiado grande.
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Realmente existen dos yo ahora mismo.
La una está feliz, agradecida. Con ganas de más. Siente que está aprovechando el tiempo, que podría hacer más pero hace todo lo que puede (o eso quiere creer). Es risa, es sol. La sonrisa al leer una frase bonita. Se siente completa pero al mismo tiempo vacía.
La otra, la que más abunda en este instante, está harta. Y cansada. De la rutina. De sus defectos, algunos tan visibles y físicos mientras que otros no lo son tanto. De la gente que ya no la saluda sin razón aparente. De los intereses ajenos que le afectan. De la falta de comprensión y la falta de capacidad para poder expresar todo lo que lleva dentro. De no dar lo suficiente. De no sentir eso en el pecho como lo que se siente después de un chute de adrenalina al subir a una montaña rusa.
En fin, par de líneas para el lado positivo y un párrafo para el negativo. Parece una balanza que se decanta claramente por mi yo negativo. Ese lado crítico, correoso, hater, desagradable, triste y cansado. Pero la vida no es una balanza, las personas no lo somos. El bien y el mal están equilibrados en la Naturaleza. Siempre. Sin equilibrio no existiría nada, no existiríamos nosotros. Existe el equilibrio incluso cuando no sabemos verlo.
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¿Sabes cuando necesitas un cambio y no sabes qué es? Esa es mi vida ahora mismo, en busca de mi equilibrio. Sé que algo debe cambiar pero aún no entiendo qué es. He probado varias cosas pero no está funcionando. No sé si debo esperar, si es algo que está al caer o simplemente es que el curso de acontecimientos no va a permitir que esta sensación cambie. 
Pero plis, necesito un chute extra de vida ya

30 dic. 2016

Autorretrato VI

Cuando llevas mucho tiempo ensimismada apetece airearse un poco. 

Dejé de consultar el teléfono cuando iba en el metro. Empecé a mirar a la gente. Unos leyendo concentrados, otros jugando con el móvil, grupitos de amigos contando anécdotas, parejas mirándose y sonriendo sin parar, otra persona leyendo el 20minutos, alguien de traje de chaqueta hablando por el móvil cargando con un maletín...

Cuando no leo, escucho música.

A veces, cuando el día lo merece y la canción también, me dan ganas de agarrarme a esa barra metálica y amarillenta del metro de Madrid y marcarme un pole dance en toda regla. Aunque no tenga ni idea.

A veces, cuando estoy feliz, me imagino bailando por la calle.

A veces lo hago.

Muchas veces canto. 
Casi siempre después de asegurarme de que no hay nadie lo suficientemente cerca como para escucharme.

A veces me siento libre, ¿sabes?

Camino decidida, suenan los zapatos. La barbilla bien alta, la mirada al frente, desafiante ante cualquier comentario inesperado.

Otros días sólo me dan ganas de llorar al darme cuenta de que en mi mente tengo montada una utopía; el mundo idealizado. Es triste pensar que esa utopía debería ser la realidad.
Aún así, me alegro tanto de ser capaz de percibir ese aliento tóxico que escupe la sociedad cada vez que abre la boca para reprocharnos algo.

Me hace feliz pensar en cómo he cambiado.

La gente está compartiendo fotos comparando las de enero y diciembre, sus cambios durante el año. ¿Cómo tengo que sacarme la foto si ese cambio no se me ve en la cara? Mi aspecto es el mismo, pero mi mente ha cambiado. Mi forma de pensar. Las conexiones neuronales. La sinapsis. Las ideas. Los ideales. Las motivaciones. Las ganas de avanzar y de descubrir.

Es todo tan diferente y es inexplicable.

Pero en el fondo sigo igual. Porque todo esto existía antes. Estaba dentro de mí, al igual que está dentro de todas las personas, simplemente hay que aprender a destaparlo. Abrir los ojos. Ayudar a que esa niebla tan densa que nos rodea se levante.

¿Es esto un autorretrato?

No como los demás. Qué más da la imagen, qué más da el recuento. Ni siquiera hubo un Autorretrato V. Nos lo saltamos. Porque es que da igual. Otro año que se va, es una forma mundana de contar el paso del tiempo. Lo importante es que seguiremos adelante. Cueste lo que cueste.

Está de moda la poesía.

12 oct. 2016

Un poco de magia oscura para re-nacer

Llevo más de doce horas en ese trance interesante, en el que no tengo nada que decir, pero podría contar demasiadas cosas. A ratos pienso que estoy drogada. Quizá sea el sueño, la cerveza, o la pereza de empezar a ser productiva. Quizá sea esa sensación extrasensorial al cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Dejarse llevar por lo primero que aparece en la mente y de repente, ¡pam! escrito aquí. No sé ni cómo ha ocurrido, cómo está ocurriendo. 

Fuera llueve y hace frío. Dentro hace sol, el amanecer ha sido espléndido hoy. Pero, para el carro prima, que igual te estás motivando. Igual es que me dejo llevar por la novedad, por el éxtasis que te aportan las decisiones aleatorias, las cosas que ocurren improvisadamente. El no preocuparse de cómo acabarás el día, de dónde estarás mañana, porque sólo existe este momento, y es ahora. Es esta decisión la que va a influir en el futuro, pero ese futuro no lo puedes manejar. Está lejos de tu alcance, no tenemos un DeLorean para viajar...

Tal vez, más que el futuro sea el pasado. El pasado es esa sirena en la orilla de la playa que te agarra el tobillo y no te deja marchar, que no para de cantar para intentar engatusarte, para que no te vayas a otro lugar, probablemente mejor. Esa sirena con cara de hija de puta que sólo quiere joderte. Joderte fuerte para que no avances. 
Pero sabes que puedes caminar. Aunque esté anclada a tu tobillo puedes caminar. Y camina hasta que esa zorra quede fuera del agua, sin sola una gota. Y así se diluye en el aire. Desaparece. Desaparece el pasado. Los remordimientos. Los arrepentimientos (que jamás debieron existir). Y dale al play.


6 abr. 2016

La historia de una vida, de un viaje, de un día o una simple decisión tomada con ganas

Ha sido la gota que colma el vaso; el vaso de la incertidumbre.
Parece que el Universo está intentado mandarme señales para que me dé cuenta, o tal vez soy yo que encuentro señales donde realmente no hay nada porque las estoy buscando desesperadamente. Algo que me abra el camino, o que al menos me deje visualizar un poco entre las sombras, entre las dudas que me acechan cada día y cada noche antes de dormir; las preguntas que en cuanto bajo la guardia vienen a atacarme en busca de respuestas que no tengo. Parece que mi subconsciente es otro ser que solo intenta fastidiarme, hacer que me lo replantee todo, que busque algo más. Y realmente busco algo más. Pero como no sé qué es lo que busco, no lo encuentro.

Constantemente insistiendo con carpe diem, con hacer lo que quieres hacer en todo momento, lo que te haga feliz. Empeñados en que hay que saber lo que se quiere para alcanzar una meta, la meta que te aportará algo de luz y felicidad a tu vida, para continuar buscando nuevos retos a los que enfrentarse.
Pero es que mi carpe diem no existe ahora mismo. Piensa qué es lo que más quieres hacer en este momento, y hazlo. No sé qué es lo que quiero hacer en este momento. Sé lo que no quiero hacer, pero queda un amplio abanico de posibilidades. No tengo una vida para un abanico de posibilidades. ¿O sí? Luego llega el no sé que me jode la vida.

15 feb. 2016

En el silencio de mis voces, que gritan

He venido casi corriendo a escribir y cuando he llegado, todos los pensamientos se han esfumado de mi mente. Ya no recuerdo qué quería decir, qué necesitaba soltar.
Volver aquí es como la nostalgia, la vuelta al pasado. Tanto hablo de emanciparse que soy incapaz de emanciparme de mí misma. No podíamos ser perfectos. Al final siempre vamos a volver a nuestras raíces, a lo que llamamos hogar y nos hace sentir seguros. Supongo que falta mi droga, la que me hace subir a ese nivel superior en el que puedo escribir líneas y líneas de frases inconexas, pensamientos que tienen linealidad en mi mente, que tienen sentido dentro del contexto de mi vida y lo que me rodea. Pero que una vez escrito aquí, ¿quién cojones lo entiende? Vuelvo unos meses más tarde y hay cosas que hacen que me pregunte qué demonios pasaba con mi vida. 
Las inseguridades van y vienen. Poco a poco aprendí que es más importante el viaje que el destino, y que al final esto se aplica a todos los escalones de la vida, hasta llegar a la muerte, supongo. 
No consigo saber si es que estoy triste o tengo el corazón encogido porque a veces sufre de rabia, incertidumbre y miedo. Palpita más rápido, ahogándome en un mar de ansiedades estúpidas que, por primera vez, parece que son problemas que de verdad van a repercutir en mi vida, que mañana los recordaré y diré: normal que te agobiaras así con la vida. Pero la sensación de estar desaprovechando los momentos que las casualidades me brindan es infinita. No paro de sentir que los días pasan y yo sigo aquí sentada, con mi rutina del día a día, con algún pequeño sobresalto agradable (o no tan agradable), pero al fin y al cabo no me doy cuenta ni de si estoy avanzando o sigo quieta en el tiempo.

8 nov. 2015

When all the world is spinning round like a red balloon way up in the clouds

Estás en el mundo simplemente dando vueltas y te diriges a donde se supone que debes ir, haciendo lo que se supone que debes hacer... Haciendo lo que, en teoría, se supone que es lo correcto, lo que se espera de ti. O lo que tú crees que esperan de ti. Crees que lo haces porque es lo que hay que hacer, porque crees que la gente que te importa espera eso de ti y no cualquier otra locura que se te antoje. Pero, ¿qué se te podría antojar?
Cuando somos niños todas las opciones son posibles futuros. Todo camino se puede recorrer y, además, hay ganas para ello. Pero crecemos. Descubrimos nuestros defectos. Nos damos cuenta de que hay cosas que requieren demasiado esfuerzo. O una destreza especial con la que no contamos. Se nos van quitando las ganas de hacer todas esas cosas. Entramos al mundo real donde no todo es posible, donde necesitas dinero, posibilidades, contactos, habilidad y destreza. Entras en ese lugar donde hay muros por todas partes, pero los demás te dicen que los muros los pones tú mismo, que eres tú quien debe sembrar las semillas del éxito y el que debe escalar esos resbaladizos muros que en teoría tú mismo te has impuesto, porque todo el mundo consigue superarlos. Pero, ¿y si este muro no es el mío? ¿Y si en esta tierra no van a germinar las semillas del árbol del éxito que yo quiero plantar?
¿Qué es exactamente el éxito? ¿Cuáles son las dificultades para conseguirlo? ¿Cuántas ganas hay que echarle a algo hasta conseguir un resultado medianamente aceptable y, además, sentirse feliz con ese resultado? ¿Cuántas horas se necesitan para dejar de ser mediocre? ¿Cuánto tiempo debe pasar hasta darte cuenta de que «ese» es el cambio que necesita tu vida? ¿Cuántas lágrimas hay que derramar antes de conseguir algo brillante que nos satisfaga y nos haga sentir que el esfuerzo ha valido la pena?
Al final del todo, ¿para qué? No hay nada peor que la inseguridad de una decisión que puede haber sido mal tomada, aunque quizá ha sido la decisión correcta. ¿Cuándo lo sabré? ¿Cuando ya no pueda echarme atrás y sea irreversible? Quizá deba despertarme de este sueño y abrir un poco los ojos. Quitarme las cadenas que yo sola me he puesto, salir de mi caverna a descubrir mi mundo inteligible. El problema es que no sé qué me espera fuera. Y tampoco sé salir. Porque quizá ya haya salido y todavía no me he dado cuenta.
Y así, el cuento de no acabar. Las vueltas que da el mundo sin parar, girando sobre sí mismo.
http://weheartit.com/entry/166922970/via/syoun
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18 sept. 2015

Tu sonrisa no tiene precio, pero si lo tuviera, invitaría yo

Qué increíble como te cambian algunas personas. Increíble a la par que dramático. Pero es genial. Es genial notar que hay algo vivo, cómo los días tienen ese matiz tan simpático... Las sonrisas salen solas, como respirar. Y no sabes a quién o qué echarle la culpa. Simplemente es felicidad, estar a gusto, confianza. Es real. Y está aquí. Tuve los ojos cerrados tanto tiempo... Pero aquí estamos, con el pijama puesto y una lista aleatoria que he encontrado en la pestaña Explora de Spotify. No sé ni qué suena, por primera vez.
A veces agradezco volver a sentirme como una niña, por la ilusión infinita, la sensación de que todo va a salir bien, que todo es perfecto y que no existe ni el hambre ni las guerras ni los números rojos en las cuentas. Es como si al hablarme, se eliminaran todos mis pensamientos, y al tocarme se encendieran todos los sensores de mi cuerpo, todas mis neuronas transmitiendo impulsos nerviosos como locas. Sinapsis. Mucha sinapsis. Casi noto toda esa energía recorrer mi cuerpo. Y es que cuando estoy sola, es como si no lo estuviera porque son esas palabras, esos recuerdos, ese guiño al pasado y al futuro, las ganas, los sueños... He descubierto lo que me gusta. El éxtasis seguido del Trance. Meditar y correr. Las duchas de noche y las sábanas fresquitas. El horror de una casa pero el calor de un hogar.
Y las buenas noches.