5 oct. 2013

UIE - El dolor nos hace sentir vivos (o muertos)

¿Esperabas encontrarte algo diferente? ¿Algo que cambiara tu concepto del mundo? Pues no, lo que conocías es lo que hay en todas partes, misma mierda con distinto nombre y presentada de otra manera, a veces incluso decorada para que no se note lo que realmente es. Pero sí, es lo que es, algo que joderá, algo que te dolerá porque no fuiste capaz de verlo a tiempo, de evitarlo. Y a veces te encanta que duela, es como una espinita que te da pena arrancar por el simple hecho de que ya la has tomado como tuya. Pero cometes un grave error al no arrancarla a tiempo, porque cuando te das cuenta de lo mucho que molesta tenerla ahí día a día es demasiado tarde para arrancarla; la piel ha cicatrizado sobre ella. Ahora te dolerá el doble sacarla, ¿por qué? Te arrancarás la carne a trozos hasta conseguir llegar a esa maldita espina, pero te dolerá tanto que te rendirás a medio camino. Ahora no hay cojones de salir adelante, de superar lo que un día (o más de uno) te jodió. Porque no hay valor.
Joder, VALOR. Valor es la puta palabra que lo soluciona todo, o al menos lo intenta y tiene la intención de hacerlo. El valor es la clave, tener coraje abrirá tantas puertas y dará tantos portazos que quisieras vivir en un bucle infinito de atreverte a todo. Pero no. Prefieres acostumbrarte al dolor, ¿verdad? Es más cómodo. Crees que lo superas pero en realidad sigue ahí, y en cuanto alguien toque donde está la espina te volverá a doler como el primer día. ¿Que cuesta superarlo? Dios mío, sólo se necesita tiempo, y el tiempo no nos sobra, pero está para utilizarlo. Es una inversión a medio-largo plazo.
Y entonces llega un día que, sin saber por qué, lo has superado. Te das cuenta de que lo has superado porque ya no duele cuando alguien toca el lugar en el que estaba la espina. Te la suda el mundo y lo que los demás opinen sobre ello, hasta te da igual lo que pienses tú mismo, porque lo has superado.
Volviendo al caso, la superación es un coñazo y para evitar ese paso hay que evitar el paso anterior: el daño y el dolor. Y es un paso tan, pero tan complicado de esquivar que te das cuenta de lo necia que puede llegar a ser la raza humana. No solo tú mismo, sino los que te rodean, esos a los que les da igual que estés bien o mal, que llores o rías. Les da igual que sufras por su culpa, parece que es su cometido en la vida, aunque lo hagan de manera inconsciente.
Y entonces surge la pregunta: ¿es el otro el que nos hace daño o somos nosotros los que nos dejamos?

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