17 ene. 2014

Clair de Lune

Hay días en los que te apetece tirarlo todo por la borda. No tienes fuerzas para seguir, no tienes ganas. En ese momento dejarías que cualquier extraño tomara las riendas de tu vida, así tal vez toma un matiz interesante, ¿o no? Sería tan peligroso... pero es un plan muy atractivo.
Aún así, sigues en tus trece. No te esfuerzas en conseguir resultados excelentes, sino que te conviertes en alguien jodidamente mediocre. Eras el primero de la carrera y ahora te has convertido en el último. ¿Cómo ha podido ocurrir? Te despistas un segundo y ya te has tropezado dos veces, te han hecho la zancadilla otras cinco y te has llevado doce empujones. Y mientras todo eso ocurre, despídete de tu primer puesto, porque todos te han pisoteado. No porque te odien, no tienen nada personal contra ti, es sólo que están en la ardua búsqueda de la perfección, de ser el mejor, y en esa carrera gana el más fuerte, el más egoísta, el más constante. ¿Y por qué demonios les he dejado adelantarme si iba el primero? te preguntas. Pues muy sencillo, dejaste de creer en ti. Dejaste de buscar esa perfección, no tenías una meta fija, clara, algo que te definiera y por lo que valiera la pena luchar. De repente todo se había vuelto oscuro, borroso. No sabías hacia dónde demonios ir porque no veías nada e ibas tanteando a gatas cual bebé. Hasta que encontraste el pequeño (y bien escondido) interruptor de la luz.
Pero antes de hacerte con él para volver a iluminar el camino, ocurrieron tantas cosas, tantas aventuras, tanto por hacer, tantos errores, tanta música, tantas risas, tantas discusiones... Demasiadas cosas que a ciegas eran muy complicadas de hacer pero siempre había algún guía, aunque sólo te quisiera por interés, pero lo había. Dale las gracias a ese tal capullo que te ha ayudado a volver a definir lo que ayer parecía indefinible, porque ha sido él, que quería hundirte, el que te ha dado las claves para volver a flote. Se merece un aplauso. En la cara, pero un aplauso al fin y al cabo.
Y volviendo a la dichosa metáfora, has encontrado el interruptor y lo has encendido. No es precisamente bonito lo que te has encontrado, va a ser un camino duro, lleno de obstáculos, de odio, envidias. Pero tienes que saber qué quieres, adónde vas, de dónde vienes. Y lo más importante de todo, quién eres. Y sólo así podrás llegar a la meta que tanto andaste buscando.

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