3 abr. 2013

Liberarnos de las cuerdas que nos tienen atrapados

Cuando el gran pensador desprecia a los hombres, desprecia su pereza, toda vez que precisamente por ella parecen mercancías hechas en serie, seres indiferentes, indignos de ser tratados y educados. El hombre que no quiere pertenecer a la masa, sólo necesita dejar de comportarse cómodamente consigo mismo y obedecer a su conciencia, que le grita: “Sé tu mismo”. Cuanto ahora haces, opinas y deseas nada tiene que ver contigo. 

Toda alma joven escucha esta llamada día y noche y tiembla, porque piensa en su verdadera liberación: una dicha que jamás alcanzará mientras permanezca encadenada a las opiniones y al temor. ¡Y cuán desesperada y carente de sentido puede llegar a ser la vida sin esta liberación! No hay en toda la naturaleza, criatura más triste y repugnante que el hombre que ha despertado de su genio, y que mira a derecha e izquierda, detrás suyo y en todas las direcciones.

[...]

Nada de todo esto eres tú, se dice. Nadie puede construirte el puente por el que has de caminar sobre la corriente de la vida. Nadie a excepción de ti. Hay, sin duda, innumerables senderos y puentes y semidioses que quieren llevarte a través del río; pero sólo al precio de ti mismo: tendrías que darte en prenda y perderte. En el mundo no hay más que un camino que sólo tú puedes recorrer: ¿adónde conduce? No preguntes, síguelo.

Friedrich Nietzsche - Shopenhauer como educador

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