-¿Alguna vez te lo he dicho? Cuando estoy a punto de llorar hablo muy despacio y sino aprieto fuerte los dientes y los puños. Me muerdo el labio, miro a todas partes intentando escapar, intento respirar pero el aire nunca llega. Se me pone roja la cara, incluso las orejas. Empiezo a sudar, hasta las palmas de las manos, que nunca me sudan. Y todo eso para acabar soltando un río de lágrimas en un momento que no se sabe si lloro desconsoladamente o me estoy riendo muchísimo.
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