30 dic 2016

Autorretrato VI

Cuando llevas mucho tiempo ensimismada apetece airearse un poco. 

Dejé de consultar el teléfono cuando iba en el metro. Empecé a mirar a la gente. Unos leyendo concentrados, otros jugando con el móvil, grupitos de amigos contando anécdotas, parejas mirándose y sonriendo sin parar, otra persona leyendo el 20minutos, alguien de traje de chaqueta hablando por el móvil cargando con un maletín...

Cuando no leo, escucho música.

A veces, cuando el día lo merece y la canción también, me dan ganas de agarrarme a esa barra metálica y amarillenta del metro de Madrid y marcarme un pole dance en toda regla. Aunque no tenga ni idea.

A veces, cuando estoy feliz, me imagino bailando por la calle.

A veces lo hago.

Muchas veces canto. 
Casi siempre después de asegurarme de que no hay nadie lo suficientemente cerca como para escucharme.

A veces me siento libre, ¿sabes?

Camino decidida, suenan los zapatos. La barbilla bien alta, la mirada al frente, desafiante ante cualquier comentario inesperado.

Otros días sólo me dan ganas de llorar al darme cuenta de que en mi mente tengo montada una utopía; el mundo idealizado. Es triste pensar que esa utopía debería ser la realidad.
Aún así, me alegro tanto de ser capaz de percibir ese aliento tóxico que escupe la sociedad cada vez que abre la boca para reprocharnos algo.

Me hace feliz pensar en cómo he cambiado.

La gente está compartiendo fotos comparando las de enero y diciembre, sus cambios durante el año. ¿Cómo tengo que sacarme la foto si ese cambio no se me ve en la cara? Mi aspecto es el mismo, pero mi mente ha cambiado. Mi forma de pensar. Las conexiones neuronales. La sinapsis. Las ideas. Los ideales. Las motivaciones. Las ganas de avanzar y de descubrir.

Es todo tan diferente y es inexplicable.

Pero en el fondo sigo igual. Porque todo esto existía antes. Estaba dentro de mí, al igual que está dentro de todas las personas, simplemente hay que aprender a destaparlo. Abrir los ojos. Ayudar a que esa niebla tan densa que nos rodea se levante.

¿Es esto un autorretrato?

No como los demás. Qué más da la imagen, qué más da el recuento. Ni siquiera hubo un Autorretrato V. Nos lo saltamos. Porque es que da igual. Otro año que se va, es una forma mundana de contar el paso del tiempo. Lo importante es que seguiremos adelante. Cueste lo que cueste.

Está de moda la poesía.

12 oct 2016

Un poco de magia oscura para re-nacer

Llevo más de doce horas en ese trance interesante, en el que no tengo nada que decir, pero podría contar demasiadas cosas. A ratos pienso que estoy drogada. Quizá sea el sueño, la cerveza, o la pereza de empezar a ser productiva. Quizá sea esa sensación extrasensorial al cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Dejarse llevar por lo primero que aparece en la mente y de repente, ¡pam! escrito aquí. No sé ni cómo ha ocurrido, cómo está ocurriendo. 

Fuera llueve y hace frío. Dentro hace sol, el amanecer ha sido espléndido hoy. Pero, para el carro prima, que igual te estás motivando. Igual es que me dejo llevar por la novedad, por el éxtasis que te aportan las decisiones aleatorias, las cosas que ocurren improvisadamente. El no preocuparse de cómo acabarás el día, de dónde estarás mañana, porque sólo existe este momento, y es ahora. Es esta decisión la que va a influir en el futuro, pero ese futuro no lo puedes manejar. Está lejos de tu alcance, no tenemos un DeLorean para viajar...

Tal vez, más que el futuro sea el pasado. El pasado es esa sirena en la orilla de la playa que te agarra el tobillo y no te deja marchar, que no para de cantar para intentar engatusarte, para que no te vayas a otro lugar, probablemente mejor. Esa sirena con cara de hija de puta que sólo quiere joderte. Joderte fuerte para que no avances. 
Pero sabes que puedes caminar. Aunque esté anclada a tu tobillo puedes caminar. Y camina hasta que esa zorra quede fuera del agua, sin sola una gota. Y así se diluye en el aire. Desaparece. Desaparece el pasado. Los remordimientos. Los arrepentimientos (que jamás debieron existir). Y dale al play.


6 abr 2016

La historia de una vida, de un viaje, de un día o una simple decisión tomada con ganas

Ha sido la gota que colma el vaso; el vaso de la incertidumbre.
Parece que el Universo está intentado mandarme señales para que me dé cuenta, o tal vez soy yo que encuentro señales donde realmente no hay nada porque las estoy buscando desesperadamente. Algo que me abra el camino, o que al menos me deje visualizar un poco entre las sombras, entre las dudas que me acechan cada día y cada noche antes de dormir; las preguntas que en cuanto bajo la guardia vienen a atacarme en busca de respuestas que no tengo. Parece que mi subconsciente es otro ser que solo intenta fastidiarme, hacer que me lo replantee todo, que busque algo más. Y realmente busco algo más. Pero como no sé qué es lo que busco, no lo encuentro.

Constantemente insistiendo con carpe diem, con hacer lo que quieres hacer en todo momento, lo que te haga feliz. Empeñados en que hay que saber lo que se quiere para alcanzar una meta, la meta que te aportará algo de luz y felicidad a tu vida, para continuar buscando nuevos retos a los que enfrentarse.
Pero es que mi carpe diem no existe ahora mismo. Piensa qué es lo que más quieres hacer en este momento, y hazlo. No sé qué es lo que quiero hacer en este momento. Sé lo que no quiero hacer, pero queda un amplio abanico de posibilidades. No tengo una vida para un abanico de posibilidades. ¿O sí? Luego llega el no sé que me jode la vida.