31 dic. 2014

Autorretrato IV

Escribía tanto cuando estaba tan mal.
Escribo tan poco ahora.
No me ha dejado de gustar escribir, las letras siempre esconderán mis peores secretos, las mayores preocupaciones, las dudas más extrañas, mis desquiciados pensamientos.
Pero no tengo tiempo de escribir.
Va todo tan rápido, hay que hacer tantas cosas y hay tan poco tiempo que las 24 horas que tiene un día me saben a poco. Insuficientes. Pero aún así, aunque no escriba nada (y me pido perdón a mí misma por ello) creo que no lo necesito. De momento no me hace falta. Tal vez esté considerando la sencillez una virtud. Tal vez ahora no me preocupe tanto por todo, porque al fin y al cabo, las cosas son sencillas pero las personas las complicamos. Y me gusta la sencillez. Me gusta la felicidad. Me gustan los tonos de gris también, pero con claridad.
Ha sido un año loco. Este no es ni será un autorretrato como los demás, porque no tengo que hacer un recuento. No tengo que justificar nada a nadie y eso es lo mejor de todo. Yo sé lo que está bien y lo que está mal y lo importante es que sea yo quien tenga la conciencia tranquila con las cosas que hago. Y la tengo.
Ha sido un año genial. No sé si porque el 2013 no me dio muchas cosas buenas o porque simplemente ha sido espléndido. Yo creo que ha brillado por sí solo. He tomado mejores decisiones, aunque siempre con la chispa de locura, para complicarnos un poco la vida (no puedo perder esas manías de complicarlo todo, al fin y al cabo, me gustan los retos).
Han cambiado muchas cosas, sobre todo para bien. Pero, como aquellos profesores, no me voy a poner el 10, para no relajarme porque sé que puedo dar más. Porque sé que puede ser mejor. Porque no quiero que por un despiste, por comodidad, por no salir a menudo de mi zona de confort, vuelva al mismo remolino de desesperación y dudas. Porque estoy muy bien así. Porque me gusta. Porque las personas cambian y también te hacen cambiar. Te dan cosas pequeñas a la vista de otros pero que son el mundo para ti; y es que un minuto puede ser más valioso que una hora. Y a mí eso me vale.

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