26 ago. 2013

The freezing sun

Eres el infinito arrepentimiento que recorre mi cuerpo. El infinito placer, como si fueras un pedazo de chocolate que se derrite entre el paladar y la lengua. Las infinitas lágrimas que se asemejaron a una pequeña lluvia en un día de verano cualquiera. Eres los infinitos perdones, y las infinitas veces que perdoné. El infinito estrés que produce el querer ser perfecto y el infinito alivio que se siente al estar a gusto. También eres las infinitas ganas por descubrir cosas nuevas y las ganas de volver al pasado para no haberlas descubierto nunca. Los infinitos bailes que disfrutamos en mi cabeza y las pocas veces que los bailamos. El infinito número de recuerdos que tengo de ti, tanto los que vivimos como los que me inventé por amor al arte de amar. Eres las infinitas veces que me equivoqué, me confundí o tropecé. Pero también eres los infinitos momentos en los que acerté e hice las cosas correctamente. ¿La infinita venganza? También lo eres tú, al igual que la infinita empatía. Y el infinito amor. Incluso el odio. Pero, sobre todas las cosas, ¿sabes qué es lo más destacable? Que fuiste infinito y puro Carpe Diem.

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