9 ago. 2013

A veces sueño que vienes a verme. Es muy raro porque no te conozco pero tú vienes y me dices "¿Raquel?" y yo, sorprendentemente, me levanto, asiento con timidez y digo "Te estaba esperando". Es increíble porque ni siquiera sé tu nombre, ni a qué vienes, pero en mi sueño sé que traes un puñado de soluciones para mí. Y yo me voy contigo, contenta, porque aunque sé que mis problemas sólo dependen de mí, también sé que tengo mucho que aprender de ti y que gracias a eso podré solucionarme a mí misma.
Hay un momento en el sueño en el que dejas de hablar y me miras profundamente, casi leyendo mis pensamientos, y entonces dices eso que me provoca un escalofrío "No tengas miedo". Pero no lo dices porque tenga miedo de ti, ya que contigo me siento increíblemente segura, sino porque sabes que tengo miedo de muchísimas cosas.
Inseguridades. El querer perfeccionarnos nos provoca estos miedos. Quieres que los elimine, pero es difícil. Hay miedos que llevan conmigo desde no me acuerdo cuándo y de hoy para mañana no se pueden superar.
Cobijas mi mano dentro de la tuya y me haces saber que todo va a ir bien, que sólo tengo que esforzarme. Dices que sabes que soy más fuerte de lo que creo, más de lo que hago creer a los demás.
A tu lado me siento pequeña. Hay algo en ti que te hace increíble, casi perfecto. Lo sabes todo pero al mismo tiempo apenas sabes nada. Tal vez sea la labia suficiente para decir las cosas en el momento exacto.
Cuando nos despedimos sé que estoy más cerca de mí misma. Y justo una última pregunta que jamás se llega a responder "¿Quién eres?".


2 comentarios: