23 jul. 2013

Yo te esperé y tú desesperaste

-¿Cómo te describirías?

-Bueno, sinceramente, siempre he odiado esa pregunta. ¿Qué es lo que hay que contestar exactamente? Puedo comenzar a decir lo mejor de mí, que soy agradable, carismática, que sé trabajar en equipo, con espíritu de líder pero aceptando las opiniones y las ideas, y que aprendo rápido y me encanta experimentar cosas nuevas que me completen como persona. Diciendo eso quedaría un poco demasiado perfecta, intentando dejar una imagen impecable de mí misma que no me creo ni yo. Por otro lado podría contestarle que soy una chica temperamental, que tengo días malos en los que me enfado por todo y en los que no escucho a nadie, que muchas veces soy muy individualista y que a veces puedo resultar falta de sentimientos porque no me importa lo que sientan o piensen los demás. En este caso estaría dando una idea bastante negativa de mí misma, aunque desde mi punto de vista más acertada que la primera respuesta, ¿no cree? Es muchísimo más sincera, pero las personas no somos ni blancas ni negras, ni buenas ni malas, ni brillantes ni apagadas; somos una fusión de nosotros mismos, una aleación de personalidades extremas y sentimientos opuestos que ni nosotros mismos entendemos, una mezcla de maneras de pensar que no sólo depende de nosotros mismos, sino de nuestro entorno y de cómo se presente ese día. Es por ello que, para mí, una pregunta tan simple como la que usted me ha formulado me provoca un gran número de preguntas: ¿estaré realizando un retrato fiel de mí misma? ¿Se me estará olvidando algo? ¿Debería suprimir esto o lo otro? ¿Es mejor que diga esto o no? Muchas veces las preguntas más cortas y más fáciles de entender son las más difíciles de contestar, y eso es algo que la gran mayoría de las personas, desgraciadamente, olvida.

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