4 sept. 2011

Y cuando tu mirada se clavó en mis ojos, no supe qué decir. Simplemente te miré, observé lo bonitos que eran tus ojos con el brillo del sol. Pero no dije nada. Los segundos se escapaban a través de mis labios entreabiertos que esperaban el momento en el que mi cerebro les dijera qué palabras formar. Pero ese momento nunca llegó. Tus ojos, tu mirada, tus sabrosos labios o tus manos agarrando suavemente mi cara, impidieron que formulara palabra alguna.

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