14 nov. 2013

Deep sea, baby

Te levantas un día por la mañana (cuando al fin consigues despegarte las sábanas de la piel) y te das cuenta de que nada ha cambiado. Todo sigue igual. Las cosas en su sitio, las personas que te rodean con la rutina de cada día, el mismo frío de todas las mañanas...
Pero hay algo, un ligero matiz que lo cambia todo y que eres incapaz de reconocer. Una anarquía mental que te hace salir tarde de casa porque no sabes qué cojones ponerte o no te decides entre tostadas con mermelada o cereales integrales. Pero, aunque los minutos corren, tú vas andando, tranquilamente. Hoy todo parece distinto aunque realmente nada haya cambiado.
Llámame loca cuando digo que sé que hay días que son diferentes aunque todo siga igual, aunque haga lo mismo, aunque sea la asquerosa (casi) rutina de mi día a día. Y sé que un día es distinto porque me levanto distinta. Sí, soy yo. Pero hoy hay un poquito más de caos en mí. Y eso, queridos, marca la diferencia.


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