1 may. 2013

I'm the weekend warrior

Cuando ocurre algo adverso hay dos opciones: huir y luchar.
La primera aparentemente es la más fácil; huyes, te vas lejos, donde parece que los problemas no te van a alcanzar, donde piensas que vas a estar solo. Con el tiempo aprendes que huir no es una solución sencilla a pesar de lo que puede parecer en un principio, porque los problemas de los que te alejabas al final siempre acabarán llegando donde estés, y porque no es fácil elegir dejar todo lo que eras atrás por un solo hecho.
Por otro lado, siempre está luchar. Hay muchos tipos de lucha, las hay muy sangrientas en las que se pretende acabar con el problema por todos los medios posibles, sin importar quienes caigan. En cambio, hay otras que yo las llamo "luchas silenciosas", sólo estás ahí, no atacas, simplemente aguantas el tipo, caiga lo que caiga. Y creo que esta postura es la más complicada, más que una lucha basada en gritos y peleas o que huir. Es la más difícil porque no te expresas, no te quejas, lo vas guardando todo dentro y poco a poco el odio que echan sobre ti te empieza a comer las entrañas y, si no eres capaz de expulsarlo a tiempo, al final te deja vacío.



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