Ahora mismo me siento caperucita roja, con la diferencia de que sé hacia donde me dirijo y lo que me espera. Aún así no soy capaz de detenerme y sigo directa hacia mi final desastroso. No habrá un leñador que me salve después, y estoy muy segura de ello, pero no puedo dejar de andar.
Y seguiré andando hacia la boca del lobo...
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