3 abr. 2014

Fl u u u me

Y allí estaba yo, frente a tu puerta, con la mano suspendida a la altura de mi pecho, casi rozando la madera que nos separaba. Así tal cual me quedé, esperando. Esperaba que por algún casual tu subconsciente te hiciera reaccionar y abrir, sabiendo en el fondo que yo estaba ahí fuera, esperando a que pasara algo.
Tal vez no tenía el suficiente coraje para hacer que mis nudillos llamaran tu atención a base de golpes, que te giraras hacia la puerta preguntando quién era para encontrarme ahí, de pie, sin nada que decir pero queriendo decirlo todo. Me sobraba orgullo y me faltaba decisión, pero ganas, más que suficientes. Y allí me quedé, con el orgullo atragantado, tapándome los ojos, tupiéndome los oídos. Y no, parece que nunca te decidiste a abrir la puerta. Y sí, me cansé de esperar. Y también me cansé de no tener los cojones suficientes para hacerme existir.

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